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viernes, 11 de abril de 2014
Autobiografía
Ignacio Gutiérrez
Tirado
(Autobiografía)
A manera de prólogo:
Escribir
sobre uno mismo siempre tiene el riesgo de que se escriba para
autocomplacerse, el riesgo de perder
objetividad, y el riesgo de no gustar.
Sin embargo, escribir sobre uno
mismo también tiene la ventaja de que nos puede ayudar a conocernos mejor.
Pensando
en qué cosas debería de escribir y qué otras deberían de omitirse, ya sea por
aburridas, por candentes o irrelevantes; resultó la presente AUTOBIOGRAFÍA,
espero que leerla se vuelva mas un placer que un trámite para este curso de
literacidad, la escribí poco a poco, pero entre mas la corregía aparecían mas
datos para poner, así que; finalmente volví a releer y quité tantas cosas, que
ahora ha quedado lista para der digerida en apenas dos cuartillas, espero que
la disfruten, porque que me ha costado un gran trabajo saber cuáles cosas
debieron quedar y cuáles otras tenían que irse definitivamente.
¿Quién soy?
Yo
nací en un pequeño pueblo, en las montañas de Veracruz, donde la lluvia y el
frío están presentes por lo menos 200 días al año, el resto es un calor que
apenas se soporta, se llama Misantla, y
apenas si tiene 11 mil habitantes. Pero cuando yo nací en el año de 1970 no
llegaba ni siquiera a los 5 mil.
Por
tal razón todos los que hemos nacido en Misantla, tenemos el mismo sueño:
“Salir de ahí, y no regresar jamás, a menos que seamos prósperos y exitosos”, y
no es que mi pueblo no sea lindo, sino que, en esa pueblo nunca hay nada que
hacer, pues la lluvia impide la diversión porque siempre viene acompañada de frío, y en tiempos de
calor lo único que divierte es el río; pero como llueve tantos días al año,
aquellos donde hace buen tiempo las personas los utilizan para trabajar en el
campo.
A
la edad de 6 años, mis padres decidieron salir del pueblo y prometieron no
regresar jamás, a menos que, algún día fueran,
“Prósperos y exitosos”.
Llegamos
a vivir a la ciudad de Guadalajara en el año de 1976, soy el único hijo de mis padres, ya que por
cuestiones médicas, mi progenitor no pudo tener más hijos. Acá en la ciudad me
costó mucho adaptarme a la escuela, pues los compañeros se burlaban de mi por el
acento tan curioso y por mi forma de
hablar tan rápida, que contrastaba notablemente con la forma lenta de los
tapatíos.
Pronto
me gané un mote, que hasta a mi me causaba risa, mis amigos de la escuela desde
el primer día me llamaron “El quin quin”, en alusión a un personaje de la televisión
interpretado por Benito Castro, que hacía de acapulqueño y que tenía el mismo
acento que yo.
Nunca
me ofendió tal apodo, sino por el contrario, lo agradecí, pues en el pueblo a
todos los de mi familia les decían “Tirado”. Yo asistí a un colegio que era administrado
por unas monjas, en donde mi educación liberal típica de familias veracruzanas,
chocaba bastante con las normas tan conservadoras de la sociedad jalisciense,
me costó mucho trabajo acostumbrarme por ejemplo a llamar por de “usted” a los
adultos, ya que en mi pueblo todos se hablan con una gran familiaridad incluso
entre padres e hijos.
En
el colegio, rápido pude destacar pues la directora era aficionada a la poesía y
sobre todo a la declamación, en el primer concurso que participé gane el primer
lugar de toda la escuela, compitiendo incluso con alumnos de sexto grado; la madre “Conchita”, que era nuestra directora me llamaba una vez
a la semana a su oficina para prepararme para el concurso de declamación en donde yo tendría
que competir contra otros colegios pertenecientes a la congregación, así que yo era el niño de primer grado al que
la directora del plantel llegaba a buscar personalmente para llevarme a su
oficina a practicar declamación.
Lo
que mas recuerdo de la primaria, es eso, yo declamando siempre en los
concursos, festivales, cumpleaños de las profesoras, etc., era muy lindo
siempre conocí gente, profesoras,
directoras, supervisoras, y en
todos los casos adultos.
Cuando
estaba en sexto grado fui invitado a pasar dos semanas en un retiro donde
conocería un seminario, la intensión era conocer de cerca la manera en que los
estudiantes de ese lugar, se preparaban para ser sacerdotes algún día. Sin darme cuenta y aún
no entiendo la razón mi profesora de sexto grado, y mi directora (ambas
religiosas de oficio)vieron en mi un “Padre” en potencia, que podía llegar a
ser uno de los buenos.
Pero
la idea no entusiasmaba de ninguna manera a mi madre, quien al tener solamente
a un hijo, perderlo de esa manera, es decir convertido en sacerdote, sin la
posibilidad de tener descendencia jamás, no le agradaba para nada, y así me lo hizo
saber, así que desde el primer día que entré a ese seminario a mi retiro supe
que solo estaría ahí de vacaciones.
Mi
mamá me inscribió en una secundaria pública, y aunque mis padres tenían dinero
para un colegio, y la directora de la primaria nos ofreció una beca para
estudiar la secundaria, se decidió que
tenía que conocer otros ambientes, y así
fue como entré por primera vez en una escuela de gobierno como la llamaba
despectivamente mi padre.
En
esa escuela aprendí muchas cosas muy interesantes, sobre todo a sacar malas
calificaciones, digamos que en el colegio al ser uno de los consentidos de la
directora y el campeón de la declamación escolar, era muy fácil sacar un diez, pero en la escuela pública yo no era nadie, y
costaba bastante destacar, por lo que ese fue sin saberlo, uno de mis
objetivos, ponerle ganas a todo lo que
hacía para lograr destacar, situación
que hasta el día de hoy me persigue y aunque no lo quiera es difícil de evitar.
Estudié
la preparatoria, y la universidad también en escuelas públicas, y siempre
estuve convencido que son la mejor manera de tener educación. Terminé la carrera de leyes.
Soy
casado, conocí a mi esposa cuando yo
tenía 15 años de edad, fuimos a la misma preparatoria y estábamos en el mismo
salón y desde entonces han pasado 28
años y ella sigue siendo mi mejor amiga,
siempre le tuve una gran admiración y me
gustaba mucho verla sentada lejos de mi y opinando de algo en la clase o dando
su punto de vista. Tengo 21 años de casado con ella, y me sigue gustando mucho cuando la veo
hablar con otras personas, y opinar en clase, quizá es por eso que me gusta
tanto estar en el mismo salón tal y como en este curso de literacidad.
Tengo
3 hijos, una mujer de 20 años que estudia ingeniería, una varón de 14 que
estudia en la secundaria, y una “bebé” de 6 años, está en la primaria. Todos
asisten a la escuela pública, y me hacen muy feliz, pues le dan un complemento fantástico a mi
vida.
Actualmente
soy profesor en una secundaria, y enseño la materia Formación Cívica y Ética en
tercer grado, y tengo un grupo de
Español en segundo grado, me gusta mi
trabajo y todos los días disfruto mucho poder convivir con mis alumnos.
jueves, 10 de abril de 2014
“El que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho"
Hay tantos lugares a los que tengo de viajar, que a veces me invento los viajes para poder escapar por un momento y cuando regreso vengo totalmente feliz de ese viaje, el que me fui por días enteros apenas cerrando los ojos.
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